Otoño, inspirar y soltar

Otoño, primeros fríos, colores ocres, cambia la luz, empezamos a recogernos hacia dentro, inspiramos y soltamos.

El otoño, como el resto de las estaciones, tiene un fuerte vínculo con la teoría de los 5 elementos, según la Medicina Tradicional China (MTC). Esta teoría define 5 arquetipos regidos cada uno por un elemento: fuego, tierra, metal, agua y madera. Cada elemento describe un patrón, que se dibuja a través de ciertas cualidades ya sea una emoción, un color, un olor, una época del año, una parte del cuerpo, un tipo de patología o un par de meridianos energéticos. Otoño es la estación del elemento METAL, representada por los meridianos de Pulmón e Intestino Grueso.

En otoño se secan los frutos de los árboles y las hojas, decomponiéndose para regresar a su estado primigenio; fertilizan el suelo  para así volver a crear vida en el siguiente ciclo. Esta es también la cualidad del elemento Metal: extraer del mundo exterior aquello que nos da vida y a su vez filtrar y desechar la parte que no nos hace bien, es decir, lo que hacemos constantemente con la respiración.

Los pulmones (y todo el aparato respiratorio) son uno de los grandes sistemas corporales que relacionan el mundo exterior con el interior de nuestro cuerpo. Al inspirar se llenan de aire y tienen la capacidad de extraer de él el oxígeno que pasa a la sangre y da vida a cada una de la s células de nuestro cuerpo, pero también filtran aquellas substancias que podrían ser nocivas en caso de penetrar en nuestro organismo. En otoño la Naturaleza nos hace de espejo para realzar esa cualidad que poseemos a través de la fuerza del elemento metal, materializada en nuestro sistema respiratorio, para seleccionar del mundo exterior aquello que realmente nos nutre y a la vez saber poner límite a lo que nos es perjudicial.

Es el otoño la estación que nos conduce a separarnos de aquello que no nos hace bien o que nos dispersa demasiado para poder finalmente inspirar aquello que nos llena los pulmones de vida.

Inspirar para luego soltar, claro.

Tiene todo el sentido, pues, que el elemento Metal en la MTC esté formado a al vez por el meridiano de Pulmón y el de Intestino Grueso. Esta estructura anatómica que se sitúa en el último tramo del aparato digestivo nos permite absorber los últimos elementos de la comida que nos serán útiles, y a la vez desechar aquello que ya no nos sirve. Importantísima esta función del intestino grueso que en MTC también se traslada a la esfera emocional o relacional: es la capacidad de separarnos de aquello que nos ha acompañado durante un tiempo pero que ahora ya no necesitamos más, la capacidad de soltar.

Pulmón e intestino grueso nos proporcionan dos acciones indispensables para preservar nuestra energía vital: uno la capacidad de seleccionar aquello que nos nutre y alejarnos de lo que nos daña, y el otro la tenacidad para soltar y separarnos de aquello que en algún momento nos fue beneficioso (y por eso nos ha acompañado durante un tiempo!) pero que ya está agotado y ahora sólo nos resulta una carga.

Esta es la energía de Metal. Esto es lo que nos ofrece el otoño. Démonos, pues, la oportunidad de inspirar para luego soltar.

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FOTO: cedida por EDN (Espai Dansa Natura de Burg) http://dansanatura.com/