La movilidad pélvica durante el embarazo y el parto

“Donde van tus talones, van tus isquiones”

Esta  frase es un pequeño truco que se utiliza para recordar como se posiciona la pelvis en relación con nuestras piernas.

Sabemos que la pelvis ósea tiene capacidad para moverse durante el embarazo y el parto. Cuando una mujer se queda embarazada, su cuerpo es colonizado por nuevas hormonas que regularan todo el proceso de gestación y los cambios físicos que conlleva. Una de estas hormonas es la relaxina, que se encargará de dar más elasticidad y movilidad al cuerpo de la madre. Es por esto que quizás hayas oído que durante el embarazo, si practicas deporte, no debes forzar los estiramientos puesto que por la acción de la relaxina nuestros tendones y ligamentos estarán menos fuertes y tendremos más probabilidad de lesionarnos.

La relaxina genera también una hiermovilidad articular, favoreciendo que zonas que normalmente tienen una movilidad muy reducida, puedan aumentar su rango de movimiento. Así articulaciones que suelen ser hipomóviles como la sacroilíaca o la sínfisis púbica, adquieren una nueva plasticidad durante el embarazo y especialmente en en el momento de dar a luz facilitando el alojamiento del bebé y su salida por el canal de parto.

Sabemos también que según la posición que adoptemos en el parto estaremos favoreciendo el ensanchamiento de la pelvis en su estrecho superior o inferior. Pero ¿qué papel juega el posicionamiento de nuestras piernas en este proceso?

Nuestras piernas se articulan con nuestras caderas mediante la articulación coxofemorar que, como su nombre indica, pone en contacto la parte alta del fémur con la pelvis. La cabeza del fémur tiene una forma esférica, parecida a la articulación del hombro, permitiendo así a nuestras piernas gran cantidad de movimientos. Podemos flexionar la pierna acercando la rodilla al abdomen, extenderla hacia posterior, abducirla separandola de la línea media y adducirla acercándola a la otra pierna. También podemos hacer lo que llamamos las rotaciones de la cabeza del fémur que no es mas que juntar los talones separando las puntas de los dedos (es la típica posición de ‘en dehors’ de la danza clásica) en el caso de la rotación externa o juntar las puntas y separar los talones en la rotación interna.

Según qué rotación adoptemos estaremos facilitando un patrón de movimiento en nuestra pelvis ósea. Así si tenemos las piernas en rotación externa (los talones se miran y los dedos se separan, como en la imagen) favorecemos la apertura superior de la pelvis, un movimiento necesario para el alojamiento del bebé en el estrecho superior del canal del parto. Por el contrario, cuando adoptamos una rotación interna de cadera (los dedos se miran y los talones se separan) estamos favoreciendo biomecánicamente una apertura del estrecho inferior de la pelvis, las tuberosidades isquiáticas se abren para dejar paso a la salida del bebé en la fase final del parto.

Así, es muy normal que durante el parto, si tienes libertad de movimiento, te aparezca el deseo de poner las piernas en una o otra rotación, según en la fase en la que te encuentres.

Y para saber qué movimiento pélvico estás favoreciendo con cada rotación de las piernas  recuerda la frase que citamos al principio ‘donde van tus talones van tus isquiones’: talones que se juntan, como en la imagen de este post, favorece que los isquiones (los huesos más inferiores de la pelvis) también se junten y por lo tanto la pelvis se abra en su parte superior. Si por el contrario los talones se separan, los isquiones se separarán también facilitando la apertura inferior de la pelvis.

Queda claro que la movilidad pélvica es un factor muy importante durante el embarazo y el parto. Por eso es importante trabajarla sobretodo en la última etapa de la gestación y muy activamente durante el parto. Si tu pelvis se mueve, ¡muévete tu también!